lunes, 14 de febrero de 2011

Hacés cualquiera

Tal vez con un "empujoncito alcohólico-prabléñico-pastillil-dulcedeléctrico" te subirías, mas no en tu estado actual porque sólo estás 5/8 de borracho (Nota del Autor: “cinco octavos” es un poquito más que “un medio”, que sería “cuatro octavos”). Aprovechás que las zuricatas se detienen para mirar algo (al mejor estilo zuricata que se para sobre sus patas traseras para mirar algo) para surtirle con un baldosa que estaba tirada por ahí (entre otras 8 baldosas) a Leandro por careta. Leandro saluda a la baldosa en su vuelo triunfal como quien saluda a un megabombardero nuclear que viene de visita y, con un golpe de zuricata, desvía el proyectil. El Objeto Volador Identificado como Baldosa continúa su inexorable viaje hacia la vitrina de la tienda de rinocerontes (a vos solo se te puede ocurrir vivir en frente de una tienda de rinocerontes, a vos y a todos tus vecinos) que está enfrente de tu casa, y su dueño, Roberto Giordano, sale a perseguirte armado con un teléfono celular y el número de su abogado. Sabés que las fuerzas que rigen el destino del universo te impiden pegarle a Giordano, por lo que solo tenés dos opciones: Salir corriendo como si huyeras de una manada de ex-esposas o pedirle a Ragnar que te haga el abuante.

Si huís como un valiente, tratá de esconderte acá. Si confiás en la asesoría legal de Ragnar, firmá acá.